martes, 14 de julio de 2009

Cambio.

He vuelto de mi vuelo a lugares desconocidos. Voy y vengo. Camino sin cesar mientras mi cuerpo siente la sensación de estar vivo y ser adorado por mi manera de pensar, de ver las cosas, de sentirme bien, de quererme, de querer, de apreciar, de estimar... me siento completamente lleno. ¡ME SIENTO YO!.

Puedo decir que estoy completo, no hay vacío ni días tristes. Aquellas mañanas frías, húmedas por la brisa matutina que agobiaban mi existencia. Así es, lo digo en pasado porque así lo fue, bueno, digo: ¿a quién no le tocó despertar hecho una basura?, inventando excusas para todo, quejándote de los diáfanos rayos solares o del intenso frío.

Ahora me siento pacífico, ligero (a pesar de que peso 120 kgs, pero en verdad me siento ligero), tranquilo. Acepto los cambios en mi persona y en las de mi circunferencia, aquellas personas que estan cerca de mi las comprendo y acato todas sus virtudes y defectos.

Tanto tiempo camine sólo con mi soledad, algunas veces cercas del mar otras bajo el manto de estrellas dominado por mi estado deprimente. ¡Oh! Dios mío, volteo hacía atrás y veo lo mucho que he caminado dejando aquellos días en los que caminaba por mi cuenta. Últimamente ya no ando caminando por senderos desolados con vistas fastuosas, ahora camino acompañado de mi escencia humana lo que me identifica como ser humano.

Debo de luchar por alcanzarme a mi mismo, mi otro anda en otro nivel que no logró entender... mi viaje comienza ya.

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