Estoy
acostado viendo un lienzo en blanco y una infinidad de cosas.
Detrás
del papel, en lo lejano donde mi vista se hace borrosa hay flores tan hermosas
que parecen personas caminando a orilla de la bahía, movidas por la suave
corriente que viene de los volcanes y trae consigo el canto de las piedras y la
flora desértica.
Me
concentro de nuevo en el cuadro intacto y empiezo a respirar lentamente, a
contar de uno en uno. La inspiración viene gracias a la calidez de la música
que flota a mi alrededor. La emoción se apodera de mí, el sentimiento se incrementa
y ya no hay ataduras, ni cadenas… solamente este hermoso paraje al que sucumbo cada
vez más.
Mi
mente empieza a crear hermosas sensaciones, perfectas situaciones. Tú, yo y los
demás en el fondo del lago flotando como pequeñas partículas de polvo estelar
en el profundo Universo.
Todos
estamos ascendiendo a la superficie, con esperanzas sinceras de volver a dar un
nuevo respiro y hacer algo diferente, algo que deje huella en los demás, en
aquellos que también estuvieron suspendidos en aguas puras y en los que aún no
lo han estado.
Ahora
el lienzo ya no está blanco, en este momento es azul, tan obscuro que raya en
lo negro. Gracias al movimiento mental y los efectos provocados en todo mi
cuerpo, el lienzo empieza a rayarse con delgadas y gruesas líneas de colores,
de arriba hacia abajo, de un lado a otro lado… esta es mi obra maestra.
Todos
somos colores y tamaños diferentes, cada quien marca su propia línea pero al
final del día la raya que espero cruce sobre mí no lo hace, no deberé de
preocuparme, hay más líneas por encontrar en este hermoso lienzo garabateado y
cada vez más se van incluyendo líneas pintando sobre otras, borrándolas con un
nuevo pincelazo y dando nuevos aires de esperanza con las nuevas que vienen.
“Ayer fue un buen día para sonreír, y lo hice.
Hoy también parece que lo
será.
Eso lo sabré cuando llegue la hora de descansar y
esté listo para sonreír
el día de mañana”
Ish.

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