Gaviotas
en el cielo, nubes claras y densas, no hay viento solamente el calor que
provoca el precioso Sol en el alto cielo. Gente corriendo en la orilla de la
playa, chapoteando y sonriendo. Perros, niños y adultos disfrutan del clima. Son
las 13:30 hrs y aquí me encuentro sumergido en este mar de ideas donde mi mente
zarpará en cualquier instante al más allá.
La
arena también camina a su manera con sus
pequeños destellos. Me gustó pensar en que sería fenomenal ser como ella, la
gente igual camina sobre mí, hay gente que viene y va, unos se quedan otros no,
la clave sería encontrar la forma de borrar las huellas que han dejado personas
sin interés y seguir caminando.
Mientras
pensaba y me figuraba que la gente se encontraba caminando en callejones
invisibles, tan apartados de si mismos y dicho laberinto los impulsaba a
caminar más y más buscando respuestas en la arena, en el sol, en el cielo, en
el mar, en el perro, en mi al verme acostado sobre la arena cuando tal vez
pensaba lo mismo que ellos.
“Mucho
pensar y nada de actuar” pensé. Me levanté me quité la playera y me dirigí
caminando a mi santuario, el brillo de diamantes en la supercie de la teirra
azul me hipnotiza y sigo caminando como sonámbulo. Finalmente mis pies son
acariciados por la espuma de la ola que ya a explotado. Varias personas se
resignan entrar de golpe al mar debido a su agua helada proveniente del norte
del Pacífico pero yo soy un caso diferente, mientras más helada es más fuerte
la impresión que mi cuerpo siente.
Camino
un par de metros mar adentro y sin pensarla voy de picada en contra de la
superficie espumosa danzante. Todo es lento, los sonidos del exterior se
retractan y todo se escucha lento, ya no hay voces de niños ni ladridos de
perros ya que todos estos son transformados por la poderosa corriente del mar. Abro
los ojos y veo un millar de pequeñas partículas doradas, los rayos de sol
entran cortando como pequeñas navajas de luz y todo se ve verde obscuro. Salgo
y dejo que toda el agua que mi cuerpo a recogido se deslice tranquilamente por
mi cuerpo y después respiro, esa es la sensación que busco, es la sensación de
sentir que estoy en dos mundos a la vez: el mundo donde los ruidos son tan
reales y meramente tangibles y el otro donde todo es lento y puedes desechar
cualquier cosa en ese mundo donde todo se olvida, donde puedes gritar y nadie
escuchará – inclusive uno mismo ni si quiera escucha un sonido común .
Nuevamente
cierro los ojos y me dejo ir a ese mundo de silencio. Dejo que la marea me
lleve y me deje descansar en sus explosivas y largas olas.
muy buena experiencia, me dieron mas ganas de star en la playita, recibiendo la energia positiva de la naturaleza...
ResponderEliminarbuen viaje gracias bro!
Ivan T.B.