martes, 17 de abril de 2012

Debajo de la arena azul.


Gaviotas en el cielo, nubes claras y densas, no hay viento solamente el calor que provoca el precioso Sol en el alto cielo. Gente corriendo en la orilla de la playa, chapoteando y sonriendo. Perros, niños y adultos disfrutan del clima. Son las 13:30 hrs y aquí me encuentro sumergido en este mar de ideas donde mi mente zarpará en cualquier instante al más allá.
La arena  también camina a su manera con sus pequeños destellos. Me gustó pensar en que sería fenomenal ser como ella, la gente igual camina sobre mí, hay gente que viene y va, unos se quedan otros no, la clave sería encontrar la forma de borrar las huellas que han dejado personas sin interés y seguir caminando.

Mientras pensaba y me figuraba que la gente se encontraba caminando en callejones invisibles, tan apartados de si mismos y dicho laberinto los impulsaba a caminar más y más buscando respuestas en la arena, en el sol, en el cielo, en el mar, en el perro, en mi al verme acostado sobre la arena cuando tal vez pensaba lo mismo que ellos.

“Mucho pensar y nada de actuar” pensé. Me levanté me quité la playera y me dirigí caminando a mi santuario, el brillo de diamantes en la supercie de la teirra azul me hipnotiza y sigo caminando como sonámbulo. Finalmente mis pies son acariciados por la espuma de la ola que ya a explotado. Varias personas se resignan entrar de golpe al mar debido a su agua helada proveniente del norte del Pacífico pero yo soy un caso diferente, mientras más helada es más fuerte la impresión que mi cuerpo siente.

Camino un par de metros mar adentro y sin pensarla voy de picada en contra de la superficie espumosa danzante. Todo es lento, los sonidos del exterior se retractan y todo se escucha lento, ya no hay voces de niños ni ladridos de perros ya que todos estos son transformados por la poderosa corriente del mar. Abro los ojos y veo un millar de pequeñas partículas doradas, los rayos de sol entran cortando como pequeñas navajas de luz y todo se ve verde obscuro. Salgo y dejo que toda el agua que mi cuerpo a recogido se deslice tranquilamente por mi cuerpo y después respiro, esa es la sensación que busco, es la sensación de sentir que estoy en dos mundos a la vez: el mundo donde los ruidos son tan reales y meramente tangibles y el otro donde todo es lento y puedes desechar cualquier cosa en ese mundo donde todo se olvida, donde puedes gritar y nadie escuchará – inclusive uno mismo ni si quiera escucha un sonido común .


Nuevamente cierro los ojos y me dejo ir a ese mundo de silencio. Dejo que la marea me lleve y me deje descansar en sus explosivas y largas olas.

1 comentario:

  1. muy buena experiencia, me dieron mas ganas de star en la playita, recibiendo la energia positiva de la naturaleza...
    buen viaje gracias bro!
    Ivan T.B.

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