lunes, 18 de abril de 2011

Sin saber de tus sueños.

El trigo ha madurado, por lo tanto, también yo lo he hecho. Mis ásperas y callosas manos que son producto de una vida diaria en el campo, aún pueden sentir la textura fibrosa de las espigas secas y puntiagudas de los trigales al rosarlas mientras camino y pienso como he llegado hasta aquí. He de recordarlo…


40 años atrás.

  • Hoy es un buen día – lo pensé mientras estribaba los costales de trigo en la mesa de madera que estaba en el centro del granero.

Era un día soleado, por ende, me encontraba bañado en mi propio sudor. A través del portón del granero miraba como los campos de trigo danzaban al sonido unísono que creaba el viento, y a su vez me refrescaba cuando entraba libremente al granero – desde muy joven fui admirador de la naturaleza y todo lo que nos puede ofrecer. Estoy completamente agradecido con ella.

Me di la vuelta mientras escuchaba el sonido peculiar de las espigas rosándose unas con otras, di de comer a mis caballos y al parecer ellos también estaban escuchando la música que venía del campo. Sus orejas bailaban y sus ojos perseguían el grupo de colores que producía el ruido que nos rodeaba, lo sé porque yo también veía esos colores, ciertos colores tan hermosos que me hacían sonreír y palpitar mi corazón de dicha y alegría.

Deje a los caballos disfrutar de su comida y fui a reposar debajo de un árbol. Cerré los ojos y aún así podía ver la imagen de los campos meneándose tranquilamente, solamente recuerdo que respiré y deje que la mente se fuera con la elocuencia que manejaba la corriente de aire. Cada segundo que pasaba me sentía lejos de mi pero en cierto modo más cerca. El sol se escondió detrás de unas nubes obscuras cargadas de agua.

La vista era fija, era un gran cuadro donde se veía al joven granjero alejarse de sí mismo guiado por el viento y persiguiendo los colores que el trigo creaba. Poco a poco la silueta fue desapareciendo del marco hasta que la lluvia y los relámpagos llegaron dar un toque distinto al paso del día. El olor a tierra húmeda empezó a perfumar a mi alrededor, lo raro fue que como pude oler mientras veía como me alejaba de mi cuerpo.

Tantas preguntas, muchas sin resolver, la mayoría sin ser contestadas. Allí estaba mi videocámara mental documentado cada segundo, hasta que a lo lejos mire del lado opuesto donde desapareció la silueta que se alejo, una nueva silueta venía acercándose lentamente. Finalmente la persona llega y escuché unas palabras cortas: no… preocupes… regresaras… pronto. Inmediatamente todo se puso oscuro y silencioso. Desperté de golpe, exaltado y agitado por lo que había soñado, por lo tanto, me encontraba recargado debajo del árbol y el viento hacía su trabajo, tal como lo recordé la última vez. Me sacudí el pantalón y seguía confundido… ese día nunca supe que fue todo eso.

40 años después… hace unos instantes.

Me detuve, respiré el olor a tierra húmeda y di la vuelta. Por última vez mire a aquel joven, sentando debajo de un árbol soñando a donde lo llevarán sus sueños, él aún no sabe de lo que es capaz, aún no sabe que está hecho de sueños y que esos son la clave para que llegue hasta aquí.

Sonreí, corte una espiga desde el tallo y lo lleve a mi boca, vire mi cuerpo y continué con mi camino.

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