miércoles, 13 de abril de 2011

Montaña de piedras.

El tiempo ha pasado tan rápido, se extrañan aquellos días donde la imaginación no encontraba límites y fluía libre como el agua. Mi cabeza no daba abasto a tanto ruido, a tantas…ideas raras. Si me preguntan en éste preciso momento, ¿por qué escribías eso? ¿cosas tan raras?, mi respuesta sería sencilla: porque es mi esencia, son mis ideas y así siempre serán por más que trate de ocultarlas.


Bienvenida sea mi lucidez.


Éste lugar lo recuerdo tal y como era hace un par de años. El sol inclemente reposando en el centro del cielo imponiendo ley, castigando a cualquier ser viviente que estuviera expuesto a él. A mi lado derecho estaba una montaña de piedras sobre una corriente de mar en pleno desierto. Me froté los ojos y sequé el sudor de mi frente para asegurarme si lo que estaba observando era producto de una insolación pero, no, no fue así, esto es real.

Me acerque lentamente hipnotizado a ese espacio de agua y rocas, mientras mis pies descalzos sentían la sensación de dejar un terreno desértico con hierbas secas puntiagudas, a otro donde la arena se movía a ritmo de aguas tranquila pero sin que hubiera una corriente o maleza que lastimará mis pies. Al momento en que mis pies aterrizaron en unas arenas danzantes me sentí reconfortado y tranquilo. El sol no cesaba su intensidad al igual que mi curiosidad aumentaba. El viento que venía del sur era agresivo pero cálido, no creaba ningún ruido al soplar, solamente era la sensación de cómo acariciaba frenéticamente tu piel.

Seguí caminando y mis pies se enterraba en la arena como si estuviera caminando en la orilla del mar, cada paso que daba un sonido de metal se escuchaba en el fondo la corriente de arena. El viento cesó y se guardo en el interior de la montaña.

Me encontraba a escasos metros de la torre que flotaba en agua de mar, no había nada que separará el agua de la arena, era tierra y agua. Dudé en meter mis pies al agua, no tenía ni la menor idea que pasaría.

Respire profundamente varias veces hasta que finalmente me decidí en dar el primer paso. Saqué la pierna derecha de la arena y la moví sobre la línea de agua y tierra que las dividían. Pisé el agua que corría salvajemente y mi pierna se sostuvo sobre la marea, pequeñas olas golpeaban mi tobillo. Las palabras se fueron cada vez más lejos y el silencio de mi cabeza empezó apoderarse de todo, segundos después deje de escuchar a mí alrededor. La siguiente pierna hizo su movimiento y finalmente estaba erguido sobre el mar mirando las rocas, de pronto los sonidos empezaron a regresar uno por uno, el pulso de mi corazón era acelerado.

Todos los sonidos se silenciaron ante el sonido del viento; un viento chillante, rasposo que provenía dentro del cerro de piedras. Gritos, lamentos acompañados de un toque de desesperación, ya no había sol ni nubes, sola era caos que emanaba desde el núcleo de esa pileta de piedras.

Intente huir, al darme la vuelta me di cuenta que todo era mar, ya no había tierra con espinas ni arenas danzantes… era, era mi locura, eran mis ideas que fluían dentro de mi cabeza, dentro de mi montaña de piedras, cada roca acomodada perfectamente en su lugar para retener todo lo que entre a esa cueva infinita.

Despierta, despierta – me dije cuando vi como a lo lejos se levantaban grandes olas que producían ruidos machacantes, al final, todo se estaba cerrando… finalmente me estaba encapsulando. Las olas cerraron por completo el terreno donde estaba. Cuando el agua me aplasto, exhalé una gran cantidad de aire y abrí los ojos. Mire a mi alrededor y era mi padre quien estaba cortando una hoja de metal con su bafer.

Creo que, aún así, todos tenemos esperanza en que nunca olvidaremos quiénes somos y qué somos.



1 comentario:

  1. Vaya, veo que aun no lo hemos perdido, ya se extrañaban esos escritos bizarros pero evocadores. Buena!

    ResponderEliminar