jueves, 15 de octubre de 2009

Por este lago.


Después de andar caminando por el campo decidí volver a ver una vez más aquel entristecido lago. El ambiente era frío e intenso debido a la presencia de la estación del año, las aves salían de sus nidos para recibir los últimos rayos de sol y cazar unas cuantas lombrices para que su pequeñas crías pudieran degustar algo antes de que cayera él sol y la bruma diera indicios que viene cerca.

Me acerqué un poco más al lago, lo observé cautelosamente mientras el inmenso viento recorría libremente por el lugar creándome escalofríos por todo mi cuerpo. Giré mi cuerpo congelado y me aproximé a la banca vieja que estaba a escasos metros de la orilla del agua. Suspiré. Tomé asiento y empecé a silbar tranquilamente esperando ver que prendieran las luces en el pequeño pueblo que está cruzando el lago debido a la falta de luz.

Saqué un cigarro de la bolsa derecha del chaleco, me lo llevé a la boca y no lo prendí, solamente lo dejé ahí por unos instantes para poder oler ese aroma a tabaco que encaja perfectamente con el ambiente fresco y húmedo en el que estoy. Mientras buscaba el encendedor en la otra bolsa, vi la tierra mojada, espesa cubierta por la maleza producto del clima invernal. Noté que mis zapatos y los talones del pantalón estaban llenos de lodo.

Deje de observar lo puerco que se miraban mis zapatos y alcé la vista. Al fin encontré el encendedor, lo cogí. No podía dejar de mirar como las aves volaban rozando las patas en la superficie del agua levantando una pequeña cortina de gotas… simplemente impresionante. Recordé porque tenía el encendedor en la mano y por fin le di vida al cigarro, di el primer jalón y a la hora de exhalar el humo se desvaneció al instante. La corriente de viento aumentaba poco a poco, no me importaba en lo absoluto. Volví a jalar un poco más de cigarro pero, me di cuenta que ya casi se acababa y me empecé a reír, pensé – 'nche viento… fumador. Expulsé la última bocanada de humo saboreándolo como si fuera el único, que dé hecho era el último que traía, arroje la bachicha a la tierra y lo pisé.

Froté las manos para que se calentarán un poco e inexplicablemente podía hacer que agarrarán tan si quiera algo de calor. Continué friccionándolas, en eso inesperadamente se acerca una pareja joven y me pregunta el hombre: - ¿te molesta si te acompañamos?, a lo que conteste: no, para nada. El joven asintió con la cabeza y sentó primeramente a su pareja, acomodándola lentamente mientras él le ponía su saco, él después se sentó y la abrazó pasándole todo el calor posible.

En ese momento recordé… mi amada también debe de estar pasando frío.

Así que decidí dejar a aquella pareja para ir a estar con mi mujer.

Caminé… caminé… caminé y de pronto desperté, estaba en mi cuarto: que buen sueño tuve –dije, viré mi cabeza y estabas tú: descansando, tus ojos cerrados y entrecruzadas tus enormes pestañas, la nariz un poco roja, tus labios rojos y la gigante cobija que nos cubría.

Después de haberte analizado paulatinamente… te beso en la mejilla y te abrazo…

Vuelvo a descanzar.

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