Cada vez que cierro los ojos, imágenes instantáneas de personas o caras que he visto en algún lugar, momento u otra vida aparecen en mi mente. Me resultan familiares, ellos me ven como si yo los conociera pero simplemente estoy confundido. Abro los ojos, me encuentro de nuevo en un desierto, sentado sobre una roca mirando sigilosamente él cielo. A veces ya ni sé porque vuelvo a estos lugares tan tranquilos donde no hay nadie que me rodee, nadie con quien hablar ni pelear, simplemente yo ante esta bella odisea aislada.
Inhalo tan fuerte que mi cuerpo se engrandece aún más, intento relajar mi mente para cerrar los ojos de nuevo y enfrentarme a aquellas caras viajeras. Exhale todo ese aire de valor y coraje hasta que mi enorme figura quedará flácida, relajada y lista para encarar todos aquellos eventos que están pasando por mi cabeza.
Cerré los ojos de nuevo y me adentre en mi laberinto de ideas, oscuros y fúnebres pensamientos que cuando los ocupo amargan mi existencia. Indudablemente pude haber ido al otro lado de mi cabeza, al súper mercado de la alegría, donde los pasillos son iluminados intensamente por la felicidad eterna y son escasa pero fielmente deambuladas por personas que en algún momento de mi vida he aprendido algo importante de ellos. Están allí tranquilos, serenos y sonrientes seleccionando sus ingredientes para ser aún mejores esposos/esposas, padres/madres, hijos/hijas, amigos/amigas. Toman lo que es indispensable para seguir adelante y lo que no descartándolo de su lista de necesidades.
Volví a abrir los ojos lentamente, sentí una pequeña sonrisa marcada en mi rostro. Mire detalladamente aquel cactus que estaba a escaso un par de metros de donde reposaba. Saqué la cajetilla de cigarros de mi pantalón e inmediatamente puse un cigarrillo en mi boca, lo prendí al instante e inhale, mientras lo contenía imagine ser el cactus, allí en plena intemperie ante el desolado sol, las fuertes corrientes de aire seco quemando mi corteza pero, no sentía nada ya que por dentro estaba lleno de vida dispuesto a explotar y esparcirme en este bello santuario. Si, era lo que estaba dispuesto a hacer, termine mi cigarrillo y retomé de nuevo el camino hacía mi laberinto.
He llegado, todo luce igual, las personas, los lamentos, los murmullos, los gritos, la ira, los llantos, parece como si no hubiera salido nunca de este lugar. Estoy parado quizás en el posible centro del oscuro y pesado ambiente, rodeado de aquellos destellos de imágenes bizarras pero ya no siento temor alguno o miedo, puedo respirar profundamente y moverme con facilidad. Lamentablemente no podré encarar todas aquellas almas que están allí porque inexplicablemente recordé mi tienda de la alegría y tal vez sea una señal que aún no debo de enfrentar a mis demonios, ya llegará su momento.
Regresé a la realidad con un suspiro exaltado, como si me estuviera ahogando, empecé a respirar agitadamente. Sentía como mi corazón bombeaba sangre por todo mi cuerpo, mis ojos abiertos casi incrédulos de no saber porque había regresado así. No paso mucho tiempo para darme cuenta que lo había hecho, pude ir a ese lugar de lamentación estar allí dominando la situación. Si, regrese feliz y equilibrado de este temerario viaje a mi interior.
Levante la vista para poder ver por última vez aquel cactus que me desato, que me libero de muchos temores y me lanzo a afrontar la cruel realidad. Lo busque desesperadamente hasta que lo encontré pero no de la manera que lo vi por primera vez, le observe alegre, emocionado y a su vez perplejo, me acerque a los restos de aquel cactus que en verdad había explotado ante los cuatro vientos.
Puedo asegurar que es lo que a mí me paso al regresar de las tinieblas escondidas en mi mente, logre explotar al fin. Soy libre.
Me levanté y empecé a caminar con la decisión de cumplir todos mis sueños.
Mientras tanto, iba pensando aún más… cosas que no pude redactar en este escrito…
Continué alejándome sin ver algún pueblo o algo que me dijera que ya había población.
En su debido tiempo llegaré al centro de todas las cosas.
3..
2..
1..
Despierta…
- ¿Qué ha pasado? – pregunte sin esperar una respuesta.
- Buenas tardes, Ismael. Soy el Dr. No-Se-Quien-Soy, tu psicólogo.
- Oh, Dios mío… volví a perder la conciencia, aventurándome a un nuevo viaje.
guaaa me gustoo muchisimoo..
ResponderEliminarsss esos viajesitos muy buenos eh!! a
ver si un dia me invitas d la vrdeee krnal!!
jaaa ntk, sss buenisimoo, y lo mjr es k d una fotika padre jaja ese cactus es d bjs creoo xk ni le eh preguntado a mi bro..
me encanto (:
ResponderEliminarescribes muy bien la verdad
me das un respiro de este mundo
muy buenos tus escritos ismael
la verdad me haces viajar como lo hacen los libros de castaneda a una realidad aparte
aplausos y excelsus pro eternis para ti
gracias por traer cultura amigo
saludes!
XOXOXO