Pantalón negro roto, tenis blancos manchados por el uso diario en las calles de la ciudad, playera negra y barba en crecimiento combinan perfectamente con lo que siento. Veo como la estampida de carros es guiada por los colores del semáforo a velocidades increíbles, la gente también transita de calle a calle rápidamente. Todo se ve tan rápido que las caras de las personas que pasan a mi lado se ven deformes y arrugadas, no importa la edad, niñas y ancianas, es la misma.
Pasan cerca de mi pero no se dan cuenta que estoy ahí, extiendo mi brazo derecho para saber si son fantasmas y, sí, efectivamente lo son. Me sorprendo al ver que pasan a través de mí pero más incrédulo me quedo cuando veo que la velocidad de los carros ha aumentado. El color de fondo es blanco y negro. El brillo de los ojos de las personas se confunden con el de los carros ya que crean rayas sobre la imagen, delgadas y gruesas rayas a la vez dan vida al movimiento del cuadro.
Mis ojos se abren y se cierran, ya no puedo mover mi cuerpo. Me pregunto si estoy sedado o que, nada cesa en este cuadro, me empiezo a desesperar y los gritos desde el fondo del alma intentan salir. Por fuera me veo tieso con los ojos abiertos pero por dentro me imagino mi cuerpo en posición de defensa con los puños apretados las rodillas dobladas dando fuerza a las piernas para que se mantengan bien pegadas y sacudo mi cabeza de manera que pareciera un león hablándole a su reinado.
He de calmar a la bestia que llevo dentro por un rato más y seguir con la corriente "entumesida"…
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