martes, 31 de mayo de 2011

El gran león.

Pantalón negro roto, tenis blancos manchados por el uso diario en las calles de la ciudad, playera negra y barba en crecimiento combinan perfectamente con lo que siento. Veo como la estampida de carros es guiada por los colores del semáforo a velocidades increíbles, la gente también transita de calle a calle rápidamente. Todo se ve tan rápido que las caras de las personas que pasan a mi lado se ven deformes y arrugadas, no importa la edad, niñas y ancianas, es la misma.

Pasan cerca de mi pero no se dan cuenta que estoy ahí, extiendo mi brazo derecho para saber si son fantasmas y, sí, efectivamente lo son. Me sorprendo al ver que pasan a través de mí pero más incrédulo me quedo cuando veo que la velocidad de los carros ha aumentado. El color de fondo es blanco y negro. El brillo de los ojos de las personas se confunden con el de los carros ya que crean rayas sobre la imagen, delgadas y gruesas rayas a la vez dan vida al movimiento del cuadro.

Mis ojos se abren y se cierran, ya no puedo mover mi cuerpo. Me pregunto si estoy sedado o que, nada cesa en este cuadro, me empiezo a desesperar y los gritos desde el fondo del alma intentan salir. Por fuera me veo tieso con los ojos abiertos pero por dentro me imagino mi cuerpo en posición de defensa con los puños apretados las rodillas dobladas dando fuerza a las piernas para que se mantengan bien pegadas y sacudo mi cabeza de manera que pareciera un león hablándole a su reinado.

He de calmar a la bestia que llevo dentro por un rato más y seguir con la corriente "entumesida"…


domingo, 15 de mayo de 2011

Escape.


Abro los ojos lentamente y veo todo en blanco y negro. Exhalo profundamente y las gotas de la lluvia se expanden de entre mis labios, escucho el latido de mi corazón agitado mientras observo el horizonte infinito del lugar donde me encuentro.

La luna se va escondiendo lentamente detrás de las obscuras nubes que parecen estar cargadas de melancolía y decepción, quizás ese sea mi reflejo. Ahí me encuentro parado en medio de la carretera con mis zapatos, pantalón, camisa de vestir y corbata, de repente viene la pregunta ¿por qué a mí? Ya me he esforzado, te he demostrado que si lo puedo hacer, ¿por qué eres así?

La lluvia arrecia su ritmo acompañado de una corriente helada de aire, todo parece estar perdido. Estoy enterrado en éste lugar, no lo quiero estar, quiero estar afuera en un lugar donde haya calor y luz pero no, sigo aquí en esta triste realidad.

Inclino mi cabeza y veo como pequeñas corrientes de agua vienen del norte de la carretera y mis zapatos dividen esa corriente, me animo a levantar los pies pero me es imposible… me encuentro quieto, me encuentro tieso. Quiero llorar pero no lo consigo porque mi cuerpo ya está llorando por completo.

Mi cuerpo hace el esfuerzo de dar el primer paso, se nota la cantidad de fuerza que estoy empañando para realizarlo. Poco después de despegar el zapato del piso caigo de rodillas y gimo del dolor. Con la vista completamente en el piso veo tristemente que ahora son cuatro grietas de agua que se forman en el pavimento.

Aquí he de estar… aquí estaré en éste lugar sin esperanza.