Algunas veces encuentras la alegría y te sienta bien ese estado de ánimo. Otras veces estas te encuentras confundido pero aún conservas una chispa de alegría, decides salir a caminar a la calle esperando despabilar todas esas ideas buenas o malas.
Has salido de tu casa y estas por empezar a caminar, tu cerebro dicta órdenes de moción al par de piernas jóvenes y recias, éstas empiezan a oponer resistencia de querer caminar, aún así, con dedicación y un arduo esfuerzo la mente logra ordenar por completo a las piernas a que empiecen a moverse.
Allí te encuentras caminando a media calle, solamente tú y la silueta de tu cuerpo dibujada en el piso siguiéndote como un fantasma diurno. Sigues pensando en cómo te sientes, qué has hecho, cuántos años tienes y todas esas preguntas que logran sacarte de tus casillas rápidamente. La vida se encarga de poner a prueba tu persona con otras personas en tu camino:
Persona A: Un señor de avanzada edad viene caminando en dirección opuesta a la tuya, tú lo ves y te detienes a saludarlo. Él amablemente te saluda amable y educadamente: "Buenas tardes, joven. ¿Cómo le va en su día?", mientras observaba los labios del señor como se movían evitando la salida de sonido, solo veía letras que se quedaban guardadas en mi mente, en ese momento reaccioné y conteste: "Bien, don… me encuentro muy bien", si supiera todo lo que estaba pensando o al menos como me sentía me entendería mejor.
La plática continuó sin mejora alguna, no entendía lo que me decía pero allí me encontraba dando la cara para no ser descortés y grosero con una persona mayor. Finalmente escuche las siguientes palabras: "joven, he de partir… mucho en saludarlo, me saluda a sus padres. Hasta pronto". Finalmente la persona continuó con su camino. Volví la vista hacia adelante y pude divisar hasta donde terminaba la delgada línea de la calle – hasta allá quiero llegar – pensé.
Persona B: A un par de cuadras me encontré con otra persona, una amiga de mi mamá. ""Mijo", ¿cómo estás? Tanto tiempo sin verte... oye, ¿sabías qué…?" en ese preciso momento deje de prestarle absoluta atención por su conversación tan estúpida que tiene, por mi mente salían palabras "cállate, no me interesa saber la vida de los demás". Quizá notó mi inconformidad y cambio de tema pero ya era demasiado tarde, no habían pasado de ni cinco minutos cuando ya me estaba despidiendo de manera cruda. De nuevo volví la mirada hacia el final de la calle y pensé: falta mucho todavía por recorrer y esta persona estúpida obstruyendo en mi camino".
Persona C: Me encontraba un poco disgustado y con amargo sabor de boca. Ésta última persona no supe quien fue, solamente sentí que su mano fue rechazada hostilmente por mi hombro izquierdo. Escuche la voz de la persona pero me negué a detenerme, simplemente seguí molesto, a unos cuantos metros de la persona me detuve, inhalé profundamente y exhalé paulatinamente. Escupí la escasa saliva que había en mi boca y di otro par de pasos.
Aminoré el paso y volví a escupir. Tal cual un automovilista llega a una esquina y se detiene para observar si no vienen carros, hice lo mismo pero en este caso era para ver si no venían más personas. Curiosamente en ese movimiento de prevención observé el atardecer, un atardecer único, distinto a los de cada día. Era tan llamativo que viré mi cuerpo completamente hacía el oeste para observar la caída de la luz, después voltee hacía el este y vi como la luna empezaba a asomarse. Gire por última vez mi cuerpo en dirección al oeste y me sentí de nuevo lleno de vida, recordé mis sueños, lo que siempre he querido ser y que por lo mismo, a veces encontrarse con una sola persona que hable puras cosas que lastiman la integridad espiritual de uno.
Sonreí y cambie de coordenadas, me dirigí hacía una nueva ruta, hacía la caída de una luz y el nacimiento de una nueva.
Destino: felicidad.
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