El potente rugido del motor diesel y el olor a combustible empezaron a crear cierta sensación de satisfacción y gozo. Mientras tanto, observaba incrédulo desde el asiento del copiloto la inmortalidad de la carreta que pareciera no tener fin y eso era algo que estaba dispuesto a disfrutar.
Poco a poco la moción del tractocamión iba creciendo, efectuando que el asfalto cansino se quejará del paso veloz de los enormes neumáticos que corrían sobre él, por lo tanto el ruido de las válvulas empezaron a escucharse y el silbido del chofer entro en perfecta armonización con toda esta orquesta musical.
Los oídos estaban acostumbrándose a los sonidos machacantes de los engranes de la transmisión que ronroneaba con gran fervor. Al parecer todo estaba bien, mi pierna izquierda marcaba el ritmo alegre del opacado sonido musical. Me dispuse a bajar la ventana, justo en los linderos entre la ventanilla y parte de la puerta, quedo postrado mi brazo como por arte de magia para observar como los rayos solares irrumpían sobre algunas nubes que daban indicios de lluvia. El aroma a campo y hierbas silvestres empezaron a esparcirse por el ambiente mezclándose con los olores químicos que emanaba el motor. El producto de la mezcla heterogénea fue todo un pasaje de éxtasis mental y corporal, ahora no solo era mi pierna izquierda la que se movía, sino, ambas eran las que brincaban de emoción al sentirse conectadas con todo lo que mis ojos veían, lo que mis oídos escuchaban y mi nariz olía. Todo estaba vinculado en ese momento.
Las nubes se quedaron atrás y el silbido del conductor aún se escuchaba. Simplemente me encontraba sonriendo, no hablaba, solamente sonreía. Saque mi cabeza por la cavidad de la ventana y mi escasa cabellera sintió la velocidad con la que viajábamos, apenas si lograba respirar debido a la gran cantidad de aire que entraba por mi nariz. Observe de nuevo el cielo y me di cuenta que nos acercábamos a una nueva escena, al parecer las nubes negras daban señales de tormenta.
Eso no aminoro el canto de la persona que iba a mi lado, al contrario, se emociono aún más por adentrarnos a un cambio climático de golpe. Él también sentía lo mismo, también estaba disfrutando todo este oasis de conmoción. Mi sonrisa incremento aún más y las ganas de estar debajo de esas nubes húmedas iban de la mano con cantar lo más alto posible. La temperatura había descendido de manera rotunda pero la carretera se encontraba en su máxima expresión. Recorrimos un par de kilómetros y el agua no llegaba, la noche había llegado y otro tipo de aromas predominaron en este momento. Movía la cabeza a ritmo del sonido ya mezclado.
Baje el brazo de la ventana y me puse en pose de reposo, como intentando asimilar todo lo que estaba viendo, preguntándome si todo esto era un sueño o fuera de realidad. No encontraba las palabras correctas para al menos describir lo que estaba presenciando. Mire a mi compañero de viaje y seguía concentrado sobre el volante y la carretera.
Mi cuerpo se canso de observar tantos cambios de belleza, decidí cerrar los ojos e imaginarme todo lo que podría venir en cualquier momento: el sonido del motor, la reacción compuesta entre un aroma orgánico y uno inorgánico, la temperatura hostil que me obligaba a cubrirme los brazos desnudos y sobre todo el aún interminable recorrido de la carretera.
Buen viaje.
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