viernes, 6 de agosto de 2010

Dakota.

El potente rugido del motor diesel y el olor a combustible empezaron a crear cierta sensación de satisfacción y gozo. Mientras tanto, observaba incrédulo desde el asiento del copiloto la inmortalidad de la carreta que pareciera no tener fin y eso era algo que estaba dispuesto a disfrutar.

Poco a poco la moción del tractocamión iba creciendo, efectuando que el asfalto cansino se quejará del paso veloz de los enormes neumáticos que corrían sobre él, por lo tanto el ruido de las válvulas empezaron a escucharse y el silbido del chofer entro en perfecta armonización con toda esta orquesta musical.

Los oídos estaban acostumbrándose a los sonidos machacantes de los engranes de la transmisión que ronroneaba con gran fervor. Al parecer todo estaba bien, mi pierna izquierda marcaba el ritmo alegre del opacado sonido musical. Me dispuse a bajar la ventana, justo en los linderos entre la ventanilla y parte de la puerta, quedo postrado mi brazo como por arte de magia para observar como los rayos solares irrumpían sobre algunas nubes que daban indicios de lluvia. El aroma a campo y hierbas silvestres empezaron a esparcirse por el ambiente mezclándose con los olores químicos que emanaba el motor. El producto de la mezcla heterogénea fue todo un pasaje de éxtasis mental y corporal, ahora no solo era mi pierna izquierda la que se movía, sino, ambas eran las que brincaban de emoción al sentirse conectadas con todo lo que mis ojos veían, lo que mis oídos escuchaban y mi nariz olía. Todo estaba vinculado en ese momento.



Las nubes se quedaron atrás y el silbido del conductor aún se escuchaba. Simplemente me encontraba sonriendo, no hablaba, solamente sonreía. Saque mi cabeza por la cavidad de la ventana y mi escasa cabellera sintió la velocidad con la que viajábamos, apenas si lograba respirar debido a la gran cantidad de aire que entraba por mi nariz. Observe de nuevo el cielo y me di cuenta que nos acercábamos a una nueva escena, al parecer las nubes negras daban señales de tormenta.


Eso no aminoro el canto de la persona que iba a mi lado, al contrario, se emociono aún más por adentrarnos a un cambio climático de golpe. Él también sentía lo mismo, también estaba disfrutando todo este oasis de conmoción. Mi sonrisa incremento aún más y las ganas de estar debajo de esas nubes húmedas iban de la mano con cantar lo más alto posible. La temperatura había descendido de manera rotunda pero la carretera se encontraba en su máxima expresión. Recorrimos un par de kilómetros y el agua no llegaba, la noche había llegado y otro tipo de aromas predominaron en este momento. Movía la cabeza a ritmo del sonido ya mezclado.


Baje el brazo de la ventana y me puse en pose de reposo, como intentando asimilar todo lo que estaba viendo, preguntándome si todo esto era un sueño o fuera de realidad. No encontraba las palabras correctas para al menos describir lo que estaba presenciando. Mire a mi compañero de viaje y seguía concentrado sobre el volante y la carretera.


Mi cuerpo se canso de observar tantos cambios de belleza, decidí cerrar los ojos e imaginarme todo lo que podría venir en cualquier momento: el sonido del motor, la reacción compuesta entre un aroma orgánico y uno inorgánico, la temperatura hostil que me obligaba a cubrirme los brazos desnudos y sobre todo el aún interminable recorrido de la carretera.


Buen viaje.


lunes, 2 de agosto de 2010

No Niña TONTA NO…

Oye morro, si te pregunto en este momento ¿qué es lo más pendejo que recuerdas en tu adolescencia?

  • Oh, pues te podría asegurar, hue, que son tantas las idioteces que hace uno a cierta edad donde lo que hagas, sientas, experimentes, comentes o te digan, eso vale madre, tu eres libre de expresarte y gritar lo que quieras…

Bueno, ya, párale no te estoy preguntando que me describas como eras si triste, feliz o alegre… solamente cuenta una maldita anécdota.

  • Bueno, calma no comas ansias que hay muchas cosas que mencionar… recuerdo aquella vez que me fui a cortar mi cabellera en el verano del 2003… oh si, allí estábamos mis camaradas más cercanos, el buen Conra y el loco de Alejandro. Me observaban detalladamente, cara fruncida, ojos enfocados en mi cabellera, estaban listos para cuando pasara la máquina por mis negros y gruesos cabellos (que ahora pues lamentablemente eso ha pasado a la historia… maldición ¡estoy atorado!). La estilista encendió la máquina y el sonido que producen fue llenando el pequeño salón. El sonido de la maquinita es muy distinto al apenas estar acercando a la cabeza a cuando realmente lo empieza a cortar, así que en cuanto los pequeños dientes del aparato tocaron mis cabellos la máquina empezó a trabarse por el abundante cabello. La combinación perfecta fue la máquina sucumbiendo ante mi cabello, la voz de amargura de la estilista: "ayy, pero porque tardan mucho en cortarse el cabello… las máquinas se chingan… esta haciendo mucho calor", la mujer por poco cae en pinche ataque taquicardico, mis amigos estaban a plena risa parados señalándome con los dedos: "hahaha, pobre wey… le dejaron una entrada limpia y el pinche greñeroo… doñaa asi dejeselooo asii merooo… asi que salga a la calle y lo vean todos" creo que hasta uno se orino los pantalones. Yo solamente reía tranquilo de estar recibiendo todas las risas que inclusive la estilista reía también, el momento fue épico todos riendo, quizá si un señor veía de calle hacía adentro por los ventanales clásicos de las estéticas se pudiera dar cuenta de cómo 3 chiquillos disfrutaban de lo divertido, fácil y excelso que es vivir, pero ahorita eso vale madre, en fin la señora termino rapándome con la numero 0, anduve a coco liso.. mis compas bueno aun no dejaban de reir ya que la máquina estuvo sucumbiendo todo el corte de cabello. "Listo" me dice la estilista con voz de enojada, "¿cuánto va a ser, señora?" van a ser "125 pesos", agregue "pero porque?" y ella contesta aún más molesta con cara de pedo "pues porque te chingaste mi maquina" para que me suelto riendo y digo: ok, le voy a pagar 40 pesos pero al a vuelta le traigo el resto.. y ella contesta: ayy nomás lo haré porque eres el hijo de Doña Sara.. ahora pienso: esa señora estaba realmente jodida, conocía a mi mamá, iba seguido a la casa a tomar café, ahora entiendo porque la amargura con el paso de los años incrementa a niveles chidos.. en fin, mis amigos no dejaban de reir "pinche pelon-… sobas" hahahaha, risas enfadosas y castrantes seguían agitándome… hasta que dice una voz de una niña que estaba en el lugar pero nadie la había visto hasta que dijo: "oye…tu!... te mirabas mejor con el pelo largo asi te ves bien raro"… y yo conteste fría y hostilmente: "no niña tonta, no… callese"

La muchacha se me quedo mirando como diciendo que pedo con este wey… pero nosotros no dejamos de reírnos enfrente de su jetota, aun la recuerdo… creo que era indicios de emo… ella era de las darkicholaspunkiskatefresasdarkicholasbuenoyahastaestoyrepitiendolasmismaspinchespalabras death metal.. Simona eso era la morra… salimos del establecimiento y caminamos al puesto de enseguida donde estaban las maquinitas, el centro de atención de todo adolescente del bonito pueblo de Lázaro Cárdenas… pedimos tres rebanas de pizza y nos pusimos a jugar como pinches chamacos enajenados…


 

Que bonito es de vez en cuando recordar momentos como estos… quizás los que por más que nos intente borrar la memoria… jamás lo podrán lograr… JAMAS…

Esto va por los ESMASHIN AMIGOS… foc ye!