jueves, 15 de julio de 2010

Majestuosidad mortal.

El calor ha incrementado, el deseo de escupir y de beber la misma saliva, solamente son sueños vagos. Maldigo mi mortalidad. Continué con mi rumbo unos cuantos metros adelante hasta que mis rodillas cedieron ante el cansancio de caminar por horas en este desierto delirante.

Mis rodillas cayeron sobre la manta infinita de arena, estas se enterraron inmediatamente y posteriormente mis manos hicieron lo mismo unos centímetros más delante de mis rodillas. Estaba allí casi a punto de caer sigilosamente, vencido por la enorme soledad del ambiente. No dejaba de sudar, estaba completamente bañado de líquidos que emanaba mi cuerpo cansado. Maldita sea, ¡Ayúdame! – grite. Te lo suplicó, ayúdame a seguir adelante.

Momentos después sucumbí en llanto y más fluidos corporales venían, el sudor corría con mayor presencia, mi pantalón fue impregnado por la orina caliente que fluía desde mi vejiga, el líquido espeso y pegajoso que salía de los orificios de mi nariz se mezclaba con el sudor que recorría como un rápido en las altas montañas de Yosemite y se mezclaban hasta llegar a mi boca. A escases de agua, fue lo más congruente que se me ocurrió hacer en medio de la desesperación y la nada, beber un poco de ese líquido heterogéneo, me sentí como Jesucristo en la cruz, solamente que esto no era vinagre sino sudor y mucosa.

Empecé a llorar y a pedirle al Altísimo que se apareciera tal como lo hizo con Saulo de Tarso, cuando iba persiguiendo a su pueblo en medio del desierto. El último acto fue gritar lo más alto posible: ¡AYUDAME!. Se escucho el eco retumbar en las paredes invisibles del desierto, espere un par de segundos más y mis extremidades que soportaban mi cuerpo se colapsaron ante el imperio dominante de mi alrededor. Maldita sea, soy un simple ser humano – empecé a hablar dentro de mi mente – jamás podré superar esto, no sin tu ayuda. Cerré los ojos, perdiéndome en el vasto mundo de mis pensamientos me deje llevar por el sonido de las palabras que rebotaban en las paredes de mi cabeza. Dichos sonidos me reconfortaban, casi animándome a renunciar a todo, a doblar las manos y no hacer nada.

Entre el mar de palabras pesimistas que oscilaban en mi mente, no había escapatoria alguna. La creación de más ideas en mi cabeza me estaban consumiendo y acabando con mis esperanzas de vida. Cedí ante el ruido intenso, el tronido de las letras al chocar entre sí y con las paredes creaba en mí desesperación, pánico, tristeza, dolor espiritual tal como si estuviera sin alma.

Las palabras y el ruido habían desaparecido. La obscuridad se fue consumiendo por un pequeño rayo de luz que iba en aumento lentamente. La luz había consumido la obscuridad por completo, de nuevo sentí calma y calidez en mi cuerpo. Aún seguía tirado, con los ojos cerrados y mi cuerpo destruido.

Abre los ojos – me dijo una voz, algo más que eso, había alguien presente en ese lugar – y levántate.

Al escuchar esas palabras con una voz seca y gruesa pensé: "ojalá pudiera hacerlo, estoy totalmente devastado", a lo que la voz áspera contesto: "no estás tan destrozado como para intentar levantarte – su voz era ahora magnánima y esbozo unas pequeñas risas soberbias – vamos, inténtalo".

Abnegado e incrédulo obedecí a la piadosa voz, hice fuerza en mis piernas y brazos, pensando que iba a tener que hacer mucho esfuerzo para lograrlo fue todo lo contrario me levante como si nada me hubiera pasado, mi cuerpo estaba seco y revitalizado, me puse sobre mis rodillas, levante la espalda y tronaron todos los huesos de la vertebra provocando aún más alivio a mi cuerpo. Me estiré por completo y abrí los ojos. Quedé estupefacto al ver la silueta, a pesar de que aún veía borroso de semejante traumas que había pasado.

Perplejo y sin palabras pensé en él, lo observe a unos cuantos metros de mí. Él se encontraba dándome la espalda mientras observaba hacía el horizonte.

Volvió a hablar de nuevo y dijo con una voz distinta, con una confianza tan inhumana: "Si, soy yo, el Creador" – sentí alivio al escuchar esas palabras y poco a poco me fui levantando de la arena cuando se volteo y vi su rostro, inmediatamente caí de espaldas a la arena, asustado al verle con mayor claridad y sin palabras, con las pocas que pude cantar debido al temor que sentía: "tu… tu eres… ¿él?".

Una sonrisa siniestra se marcó en su rostro y dijo: "Sí, yo soy él…" – se río y continuo hablando – "pero a la vez soy el que tú no quieres ser. Es por eso que me reconociste al momento porque vas a volver a vivir gracias a tus negros pensamientos, no volverás a ver la luz. Vivirás en una tormenta de fuego eterna. Esto ha de empezar… ya. Vive, hijo mío".

En el momento que dejo de hablar, bochornosas imágenes aparecieron en mi cabeza tanto como si yo estuviera en cada una de ellas, una imagen tras otra. Había guerras, lujuria, asesinatos, depresiones, desesperaciones… muchas cosas bizarras pasaron por mi mente hasta que se detuvo la reproducción de las imágenes.

Abrí los ojos y me encontraba de pie mirando hacía al horizonte. Voltee hacía atrás y observe el cuerpo de una persona tirada en la arena, la observe pero no lo reconocí, vire de nuevo mi cabeza y continué observando hacía el horizonte.


sábado, 10 de julio de 2010

Supervivencia actual.

Mi nariz se deleita al olfatear el elegante perfume que evocan las plantas a mí alrededor. Todo tan perfecto y complaciente. Que belleza estoy admirando, los campos verdes tan tranquilos bailando al ritmo del viento que deambula por estos lugares. Si allí estoy, recostado sobre una roca mirando hacía el horizonte observando el cielo y las aves que vuelan libre sobre un cielo limpio, sin suciedad alguna.

El palpitar de mi corazón es tan sereno que se mezcla perfectamente con la tranquilidad de este lugar. Suspiro tras suspiro, la imaginación vuela mientras continuo saboreando la existencia de este lugar…

Segundo después, mi corazón empieza a sentir el rigor de un momento obscuro. Empiezo a revolcarme sobre la roca que lentamente me quemaba la espalda. No dejaba de gritar un dolor tan profundo, empecé a sudar y todo empezó obscurecerse, aquella bella imagen se convirtió en un desierto lleno de cadáveres de animales y bestias enormes recogiendo los restos de los cuerpos que yacían allí.

Volví a gritar y regrese a la realidad… un perro lamia mi dedo gordo del pie derecho. Lo espante y la bestia salió corriendo, asimile a mi alrededor y todo estaba obscuro, la gente caminaba con miedo mirando a demás gente con el mismo aspecto.

Me levante del periódico donde estaba acostado y esbocé: "He vuelto", "hogar dulce hogar"… camine unos cuantos metros sobre ese callejón con olor a muerte, a podredumbre, a infección genital por allí se miraban cuerpos de mujeres descuartizadas con semen sobre sus partes. La sensación de vomitar o quejarse del olor había desaparecido, era algo normal convivir con este tipo de aromas tan armoniosos para los que transitábamos ese callejón, al que llamábamos "La casa".

Seguí caminando, intento cimbrar bien los pies sobre esta espantosa tierra, pero las sorpresas aún continuaban, me acerque a un bulto de rodillas, dando la espalda a la vía de tránsito y le pregunte: oiga, ¿se encuentra bien?", estaba cercas de él, muy cercas, tanto que no más contesto: "cuidado, allí va". Al momento no entendí, después asimile la situación cuando escuche un ruido flácido, hueco de un gas, seguido sentí en pie derecho como cayó la primera carga de excremento caliente y hediondo, la impresión de sentir defecación sin avisar que venía una carga de excremento es una grosería. "Te dije morro pendejo, cuidado, y no me hiciste caso… ahhhhh", el anciano siguió pujando para continuar defecando.

Inmediatamente la sangre sobre paso el punto de ebullición y explote, enajenado patee el recto del anciano con mi pie derecho, volviendo a introducir la mierda en el hoyo abierto. El anciano grito de dolor, me lancé de manera primitiva, con puño cerrado a dar golpiza a la cabeza de anciano. Empecé a salivar, gemía de placer al ver el estado de sufrimiento que le causaba a la otra persona por haber defecado en pie, gritaba de locura: "muere, muere" con los ojos bien abiertos, las venas eran notables del ardor del coraje. El líquido rojo empezó a fluir del cráneo de la persona, le levante y vi su cuerpo tirado con los pantalones en las rodillas, el recto embarrado de excremente producto de patadas, playera blanca que más bien gris de tanta mugre lo cubría, alrededor fluía la sangre, el ruco empezó a agonizar lentamente y a tragarse su propia sangre.

Me levante, escupí sobre su rostro, agarre sus pertenencias y seguí caminando.

Después de unos cuantos pasos desperté en el consultorio de mi psiquiatra, el Dr. SocMaiDic.


 

Escrito influenciado totalmente por la voz maestra: Chris Barnes.

domingo, 4 de julio de 2010

Un beso.

No queda nada más que aceptarlo. Son los momentos en los que vives y piensas voy a escribir por ti, por mi, por quién sea… al final de todo te das cuenta que son esos los momentos que se entrelazan con uno dando sabor y color a dicha experiencia.

- Amiga, paso a retirarme – te dije.

Me despedí de ella amablemente, sin olvidarme que estaba rodeado por más personas así que cordialmente vire mi cuerpo y me despedí atentamente, con un gesto cordial y amable, pase a retirarme. De pronto siento que me sujetan del brazo derecho, sintiendo el latido del corazón y la hermosa fragancia natural volteo hacia atrás, sin darme cuenta vi tu rostro me perdí en el tiempo al ver tu rostro; fue un golpe de recuerdos en menos de un segundo.

Seguimos caminando hasta llegar a mi camioneta, giré la llave para llegar a la ignición y calentar un poco el motor. Platicamos algunas cosas, ambos sabíamos como acabaría eso. Se siente la sensación de hacerlo y no por deseo carnal sino, es algo bonito y fue en su momento. Quizá suele ser igual como estoy escribiéndolo ahorita, recuerdo tus labios acercarse a los míos y es similar a que mis manos empiecen a sudar, teclee mal y tenga que borrar lo que escribí.

Desde este punto de vista, te quiero mucho y eres una gran amiga. El volver a besarte es… quizá todo este resumido en el corto texto anterior. Si, allí está todo.

Gracias.