lunes, 19 de abril de 2010

Temblores en el cielo.

Se escuchaba el comienzo de una hermosa armonía en crecimiento, la noche era perfecta para que dicha conexión se realizara. La naturaleza y el hombre en un mismo lugar: El mundo de los mortales que sutilmente es acompañado de la suave armonización de los instrumentos de orquesta que en este momento ya se encontraba en un pasaje más vivo y colorido, si, el color de la música (al menos donde me encontraba) iba rayando a manera de arte abstracto la habitación conforme la melodía proseguía con su infinito camino.

Cada vez que las trompetas y tambores estallaban en un momento de expresión catatónica iluminaban todo a mí alrededor. El ritmo que en algún momento fue de estallidos y regocijos de alegría culmino con un pasaje musical en tonos menores dejando a mi mente ser libre y empezar a explorar más allá de mis conocimientos; de pronto, una luz azul blanquecina atraviesa el cuarto recorriéndolo de pared a pared, detuve la reproducción musical y todo quedo en silencio absoluto, al momento de que la luz pasará frente a mí se escucho en la casa completa el rugir de algo, inmediatamente pensé – oh no, los suelos de nuevo están sacudiendo al esqueleto – pero, nada que ver con un terremoto, sino más bien fue un terremoto pero en el cielo.

Salí inmediatamente a la pequeña terraza que esta al entrar a mi casa y desde allí observaba el cielo, cuando de nuevo otro flashazo estallo en las alturas – ¡en la madre!, Dios está tomando fotografías al valle… - y nuevamente a escaso un par de segundos el estruendoso sonido de rocas chocando opaco el ladrido de mis perros, se sentía que la tierra temblaba pero solamente era allá arriba. Nuevamente, una estría más grande marcó una franja más larga que las anteriores y esta tardo un poco más en darse a escuchar, al momento de que tronó todos los automóviles sucumbieron ante la fastuosa melodía y empezaron a silbar con sus insulsas alarmas.

La melodía natural desapareció lentamente, como si fuera música por movimientos marcando que se acerca el siguiente capítulo del tema y, así fue, acto seguido La lluvia de la redención, algunas casas tienen láminas de fierro o bien material metálico y ese peculiar sonido que el metal reproduce acompaño a aquella cortina de agua. Culmino con un último rayo pequeño que al instante bramó marcando una pequeña pausa.

Vehementemente la última ova comienza con suspiro, un suspiro de esperanza proveniente de donde los rayos estaban estallando. Era un viento apresurado, como si viniera cabalgando para darnos buenas noticias, en el momento que sentí la presencia de ese cambio tan brusco pero a la vez reconfortante suspire y pensé – Madre naturaleza, tuyos somos, nuestra vida depende de ti. Empecé a silbar la canción que estaba escuchando en mi reproductor minutos atrás, creo que la armonización del acontecimiento que había ocurrido encajaba perfectamente con lo que esta silbando.

Vientos del destino, vientos de esperanza…

Guíanos por el buen camino de la sabiduría y comprendimiento.

Guíanos… hacía ti, Madre Naturaleza.

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