viernes, 11 de septiembre de 2009

No pasa nada.

Francisco se encontraba en un bar lejos de la ciudad, en esos pueblos pequeños donde la gente lo único que hace es trabajar y pasar todas las noches en el bar del ejido. Lugar perfecto para estar bebiendo whisky en las rocas o cerveza bien fría recordando a alguien en especial. Si, ese era el lugar donde estaba Francisco, en la pequeña aldea cubierta por la espesa cama de brisa y la humedad que empapa las cosas, los árboles y a los veladores que se encargan de cuidar los campos de cosecha, el río cercano se escuchaba como fluía en la noche tranquila sin presencia de automóviles o de cualquier rasgo urbano.

El clima del bar era acogedor, a pesar de las personas que ya estaban embriagadas o las meseras coquetas que estaban buscando hombres foráneos con quién pasar la noche a cambio de algunas monedas… eso a Francisco no le interesaba, solamente quería estar pensando en esa persona que lo había hecho sentir vivo de nuevo.

El motivo de la visita al bar no es más que "un cambio de ambiente". Francisco seguía bebiendo y pensando en lo que había experimentado la noche anterior, al encontrarse con su antigua mujer que habían pasado juntos cuatro años maravillosos aunque como cualquier relación tiene sus altas y sus bajas pero aquí la historia no acabo bien, eso fue apenas hace un año desde que Francisco y Amairani terminaran el idilio que llevaban con tanta vehemencia.

La noche anterior Francisco miro a Amairani después del prolongado año sin cruzar miradas. El punto de reunión fue en un campamento cercas del pueblo donde se encuentra actualmente Francisco bebiendo whisky recordando que cuando vio a aquella mujer se quedo perplejo ante aquella belleza que no miraba en meses, escudriño a la mujer antes de ir a hablar y claro, escogió las palabras exactas para ir a conversar con ella.

- Hola Ami – le dijo Francisco titubeando y un poco nervioso – ¿cómo has estado?.

- ¿Francisco?, ¿eres tú?, oh por Dios, tanto tiempo sin verte… que gusto – ella lo abraza tiernamente y él queda estupefacto al oler su cabello y sentir aquel cuerpo que lo abrazaba antes – yo he estado perfectamente bien, no inventes… que emoción – lo vuelve a abrazar.

- Si, mira qué pequeño es el mundo en donde te vine a encontrar… – los dos rieron al mismo tiempo y callaron.

En ese momento los dos tenían una conversación con la mirada, esas platicas que solamente se tienen un significado muy importante – TE EXTRAÑO. La pareja estaba a orillas de la laguna, el fulgor de la luna se reflejaba en las ondas del agua obscura, la presencia del aroma a hierbas silvestres abundaba como si fuera el smog de la Ciudad de México… era el momento exacto y justo para que dos personas con un pasado pudieran tener una conversación. En el momento que los dos callaron empezó la plática corporal, empezaron a parlar sobre las necesidades de tenerse el uno al otro en ese instante, de sujetarse como lo hacían antes, de acariciarse delicadamente. Llego el momento en que la comunicación oral retomó su camino.

- Entonces, ¿cómo te va en tu vida? – preguntó Francisco, esperando una respuesta más de sus relaciones.

- Me va bien, me han ofrecido empleo en una empresa y la voy a aceptar – la mujer contesto muy segura de sí, cosa que Francisco conocía de ella… es una mujer muy segura - ¿y a ti como te ha ido?.

- No muy bien… pero ahí ando.



De nuevo vino el silencio total. Bebieron de sus bebidas y prosiguieron irse lejos de la bola de amigos que estaban en plena fiesta

Terminaron acariciándose y aprovecharon la hermosa luna que los iluminaba. Se entregaron el uno al otro. Después de eso quedo nada, al siguiente día cada quién volvió a su vida.

Francisco terminó su trago, se retiro del bar, se subió a su automóvil y tomo el rumbo que va regreso a la ciudad.

Aquí no pasa nada.

1 comentario:

  1. Aii muii muii, mmm, muii... lo ke una vez kise ke pasara...Muy padre tu scrito eh :D

    ResponderEliminar