lunes, 21 de septiembre de 2009

Stand Inside Your Love.

No sé porque siempre incluyo el clima en mis textos, me fascina el hecho de estar rodeado de tanta belleza y recordar las cosas tal cual son… simplemente bellas.

  • Que bello atardecer – pensé mientras estaba sentado en un costa de la carretera rumbo a Ensenada – es tan perfecto que puedo sentir como me abraza serenamente… enciendo mi cigarro y empiezo a recordar el porqué estoy sentado fumando y pensando tranquilamente lo que me paso hace un par de horas. Todo está mal – dije en voz alta.


Regresando un par de horas atrás me encontraba manejando mi camioneta en el boulevard principal del pueblo, algo típico de hacer en un domingo por la tarde donde te encuentras a tus amistades, saludas, sonríes y finges estar bien. La gente camina en parejas, veo los otros carros y van en parejas, volteo a ver el asiento del copiloto y no hay nadie… solamente estoy yo. Qué decepción, sigo manejando tratando de no dejarme llevar por el momento pero, no lo puedo evitar, hasta siento que todos me ven raro por ir manejando solo sin un acompañante, acelero y trato de salir lo más rápido posible del maldito boulevard.

A la salida del pueblo nuevos aires de esperanza se aproximan, veo a una señorita hermosa qué para que mentir yo la conozco así que, temerariamente me acerco a ella, bajé la ventana de mi lado y le dije: Amanda, hola, ¿cómo estas, mija? – le dije muy seguro de mi mismo. La mujer al escuchar mi voz voltea, me ve consternada y confusa contestándome: lo siento señor, no lo conozco – la mujer contesto hostilmente y siguió caminando; reí y aceleré un poco la camioneta para poder hablarle de nuevo pero ella me corto la aviada diciéndome: mire señor, yo no lo conozco y si sigue persiguiéndome le acusaré por acoso eh!, así que ya no me siga. – la mujer siguió caminando frenéticamente, casi llego al punto de correr y emprender el vuelo… pero, hubo algo que no entendí, ¿por qué señor?.

De plano me sentí más abatido por el momento, nadie me reconocía, no era nadie. Triste y desilusionado viré y tome la carretera hacía el sur, donde queda mi hogar. Esperanzado puse algo de música para alivianar el golpe, iba cantando muy "feliz", sacudiendo un poco el esqueleto mientras tomaba el volante. "Ejido El Papalote - 2 km". Dentro de 2 km esta horrenda tarde habrá llegado a su fin – me dije a mi mismo mientras la música seguía sonando.

Arribe a mi pequeño pueblo, me salí de la carretera y dije: al fin, he llegado… esto ha de acabar… ¡YA!, iba silbando de emoción, aquí nadie me conoce pasaré por desapercibido. En la tercera cuadra encontré lo que andaba buscando y por lo que confundí a la otra muchacha… si, te vi, ahí para en la tiendita de la esquina sonriendo como siempre. Pase lentamente en la camioneta observándote, devorándote… extrañándote y esperando que me reconocieras aunque mi día no podía estar peor, nadie me recordaba pero fue en ese momento cuando desee todas las cosas tú… si, me miraste y alzaste tu mano derecha moviéndola mientras sonreías diciéndome a lo lejos: hola… ¿cómo estás?, aunque nos vimos de lejos y tu no pronunciaste ni una sola palabra me imaginé tu voz en mi cabeza saludándome, notoriamente yo me vi como un patán, impactado, petrificado por la reacción de que me recordaste, lo único que hice fue acelerar y sin mirar atrás empecé a llorar, mis manos temblaban, mi corazón estaba a punto de salirse del pecho, empecé a sudar y tú te veías pequeña en el retrovisor. Las lagrimas empezaron a rodar por mis labios, ese sabor salado me hizo recordar que aún estoy aquí y me recuerdas… me hizo sentir que aún me amas… aún me… aún me… aún…me…amas. Detuve la camioneta, abrí la puerta desesperadamente, me bajé y grité: SIEMPRE SERAS MÍA… ¡SIEMPRE!.


- Maldita sea –me sequé las lagrimas que volvieron a brotar de mis cansados ojos y termine mi cigarrillo. Aún siento el agitado pulso de mi corazón pero ahora sonrío ante esta magnificencia de atardecer.




Recuérdame…

lunes, 14 de septiembre de 2009

El Beso de la Vida.

- Gracias por ese beso tan sutil y exquisito que me acabas de regalar. – le dije en aquel bello atardecer a orilla del cálido mar.

Mi corazón latía extasiado de emoción, los momentos más bellos de estar con alguien son los besos (para mí) porque me brindan lo que las cosas materiales no me pueden dar. Me encanta decir cosas hermosas que salgan desde lo más profundo de mi ser, no por impresionar sino porque así se presta la ocasión y se viste de gala… simplemente bella y memorable.

Aprietas a tu pareja sigilosamente, tanto que la acercas a tu pecho y la abrazas como si nunca la fueras a soltar. Las risas vienen y van, si, es el momento indicado para estar conectados y pensar semejantemente, el ambiente, el clima, la situación en la que te encuentras jamás será postergada aunque la relación llegué a su fin, en algún momento de tu vida recordarás ese momento, esa persona, ese abrazo… ese beso.

El cielo pintado, la forma de las nubes en el cielo, la gente caminando abrazados, riendo o ejercitándose, los diamantes en el inmenso mar brillando sin cesar hacen que tu sonrisa y ojos sean aún más impresionantes que nuestro alrededor.

Me vuelves a besar, lo haces porque sabes que es el momento de expresar todas las cosas bellas que cobran vida a nuestro alrededor. Me das las gracias por ser yo quien le doy luz, color y vida a tu existencia, me hablas de lo maravilloso que ha sido conocerme… lo enamorada que estas de mí, perdida y profundamente me lo demuestras con el siguiente beso que me das.

El sonido de las olas del mar se vuelven nuestro concierto musical, la gente nuestros espectadores y el ambiente nuestra odisea de imágenes inolvidables para nuestra bella relación.

Han pasado un par de horas, y siento que te amo aún más que hace unos minutos, el tiempo pasa sin detenerse así que mi amor por ti se va en ese lapso de momentos de felicidad.

Tus ojos se vuelven a fijar en mi boca, sientes la necesidad de volverme a besar pero no lo haces… sigues escudriñando mi rostro hasta llegar a mis ojos, nos vemos intensamente, bajo esa circunstancia tengo que agregar…

- Gracias por darme el beso de la vida y darle vida a mi sentido de ser humano…

En ese instante ibas a contestarme cuando te corte las palabras que iban a salir de tu ser con un beso dulce… solamente suspiraste y me abrazaste.



¿Cuándo vas a llegar?

Ya llega por favor…

viernes, 11 de septiembre de 2009

Your Hand In Mine

A veces extraño tocarte y acariciarte delicadamente, observar tus hermosos ojos, deleitarme con tu fragancia, tocar tú piel delicada, besar tus grandes y carnosos labios. No puedo figurarme que te has ido, no tomo en cuenta que nunca te has separado de mí, siempre estas cercas de mí siempre, estás conmigo y aunque ya dejaste de existir en este mundo siempre estará…


Tu mano en la mía.



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No pasa nada.

Francisco se encontraba en un bar lejos de la ciudad, en esos pueblos pequeños donde la gente lo único que hace es trabajar y pasar todas las noches en el bar del ejido. Lugar perfecto para estar bebiendo whisky en las rocas o cerveza bien fría recordando a alguien en especial. Si, ese era el lugar donde estaba Francisco, en la pequeña aldea cubierta por la espesa cama de brisa y la humedad que empapa las cosas, los árboles y a los veladores que se encargan de cuidar los campos de cosecha, el río cercano se escuchaba como fluía en la noche tranquila sin presencia de automóviles o de cualquier rasgo urbano.

El clima del bar era acogedor, a pesar de las personas que ya estaban embriagadas o las meseras coquetas que estaban buscando hombres foráneos con quién pasar la noche a cambio de algunas monedas… eso a Francisco no le interesaba, solamente quería estar pensando en esa persona que lo había hecho sentir vivo de nuevo.

El motivo de la visita al bar no es más que "un cambio de ambiente". Francisco seguía bebiendo y pensando en lo que había experimentado la noche anterior, al encontrarse con su antigua mujer que habían pasado juntos cuatro años maravillosos aunque como cualquier relación tiene sus altas y sus bajas pero aquí la historia no acabo bien, eso fue apenas hace un año desde que Francisco y Amairani terminaran el idilio que llevaban con tanta vehemencia.

La noche anterior Francisco miro a Amairani después del prolongado año sin cruzar miradas. El punto de reunión fue en un campamento cercas del pueblo donde se encuentra actualmente Francisco bebiendo whisky recordando que cuando vio a aquella mujer se quedo perplejo ante aquella belleza que no miraba en meses, escudriño a la mujer antes de ir a hablar y claro, escogió las palabras exactas para ir a conversar con ella.

- Hola Ami – le dijo Francisco titubeando y un poco nervioso – ¿cómo has estado?.

- ¿Francisco?, ¿eres tú?, oh por Dios, tanto tiempo sin verte… que gusto – ella lo abraza tiernamente y él queda estupefacto al oler su cabello y sentir aquel cuerpo que lo abrazaba antes – yo he estado perfectamente bien, no inventes… que emoción – lo vuelve a abrazar.

- Si, mira qué pequeño es el mundo en donde te vine a encontrar… – los dos rieron al mismo tiempo y callaron.

En ese momento los dos tenían una conversación con la mirada, esas platicas que solamente se tienen un significado muy importante – TE EXTRAÑO. La pareja estaba a orillas de la laguna, el fulgor de la luna se reflejaba en las ondas del agua obscura, la presencia del aroma a hierbas silvestres abundaba como si fuera el smog de la Ciudad de México… era el momento exacto y justo para que dos personas con un pasado pudieran tener una conversación. En el momento que los dos callaron empezó la plática corporal, empezaron a parlar sobre las necesidades de tenerse el uno al otro en ese instante, de sujetarse como lo hacían antes, de acariciarse delicadamente. Llego el momento en que la comunicación oral retomó su camino.

- Entonces, ¿cómo te va en tu vida? – preguntó Francisco, esperando una respuesta más de sus relaciones.

- Me va bien, me han ofrecido empleo en una empresa y la voy a aceptar – la mujer contesto muy segura de sí, cosa que Francisco conocía de ella… es una mujer muy segura - ¿y a ti como te ha ido?.

- No muy bien… pero ahí ando.



De nuevo vino el silencio total. Bebieron de sus bebidas y prosiguieron irse lejos de la bola de amigos que estaban en plena fiesta

Terminaron acariciándose y aprovecharon la hermosa luna que los iluminaba. Se entregaron el uno al otro. Después de eso quedo nada, al siguiente día cada quién volvió a su vida.

Francisco terminó su trago, se retiro del bar, se subió a su automóvil y tomo el rumbo que va regreso a la ciudad.

Aquí no pasa nada.

martes, 8 de septiembre de 2009

¿Por qué?

No lo entiendo, ¿estoy cansado de estar bien?, han pasado varios meses sin sentirme así… de nuevo en la corriente de viajes constantes y sin motivos de seguir adelante.

Mis energías se han agotado, ¿qué puedo hacer para recuperarlas?, en verdad, no lo sé y no sé que tenga que hacer para recuperarlas en verdad me he sentido muy bien; tengo salud y bienestar conmigo mismo… en realidad, ¿qué más puedo pedir?... nada.

¿Por qué me siento pésimo?

¿Por qué no hago más cosas?

Simplemente, ¿por qué?


 

Ya no se dé que escribir, nada es interesante y eso que a menudo veo cosas e imagino cómo se verían desde otro ángulo pero, no las puedo escribir… chingada madre. Me molesta no poder escribir las cosas que vienen del alma y el corazón.


 

No me rendiré tan fácilmente, me ha costado mucho llegar a donde estoy en este momento tan lleno de vida y energía.


 

Quizá esto sea una pequeña respirada de descanso para poder seguir adelante con mis ideales.


 

Sí, así será…

lunes, 7 de septiembre de 2009

Despedida

Quiero que lo sientan, cualquier persona que lea esto quiero que sienta lo que es ser amado por tus padres. Eso haré.


 

En este preciso momento estoy en el asiento del autobús rumbo a Ensenada, junto a mi esta mi hermana menor quien apenas esta empezando a emprender el viaje al éxito. Bueno lo importante aquí es que en la puerta de salida están dos personas, esas dos personas que son nuestros padres que solamente están ahí parados mirándonos como el camión empieza a partir y ellos se despiden en llanto pero a la vez contentos de ver a sus hijos ir en buen camino.


 

El camión ha salido de la terminal y puedo ver como sus cuerpos se ven cada vez más pequeños. Madre, padre los quiero un chingo… es en estos momentos donde me doy cuenta de que les debo mucho, gracias por habernos traído a este mundo que a veces es un poco cochinon pero ustedes nos han enseñado que aun puede perdurar la alegría y la felicidad. Gracias por enseñarnos a levantarnos cada vez que nos caemos, a ser mejores personas con los demás, a ser educados y distinguibles entre la comunidad juvenil.


 

Nos hemos separado por varios kilómetros pero aún puedo sentir el cariño y amor que emanan sus corazones. En este preciso momento estoy en llanto incontrolable, vengo sentado escribiendo con la laptop en las piernas, mi hermana escribiendo un mensaje de texto, quizá también llorando pero no quiero voltearla a ver porque mi llanto aumentará. Puedo ver como algunos pasajeros me van viendo cómo voy derramando lagrimas pero a mi no me importa, no me importa que me vean llorando porque me estoy separando de mis padres… no me interesan los demás.


 

Espero a ver cumplido mi misiva y hayan comprendido tal como lo he hecho de que solamente una vez se tienen a los padres y muchas veces nosotros somos testarudos como hijos y no sabemos como agredecer.


 

Simplemente… gracias por existi, gracias por traernos a esta vida, gracias por ser Sara y Basilio…


 

Nuestros queridos padres.


 

LOS AMO.

jueves, 3 de septiembre de 2009

¡!

¡PUTA MADRE!, mis venas y arterias se queman por la potente circulación de fuego, la sangre ha dejado de fluir por los ductos ahora solamente puedo estar con las energías arriba, no me detengo, no me paro, no miro hacia abajo, no tengo miedo… ¡AAHHH!. No sé qué hacer, simplemente no se que hacer.

No puedo escribir de la fuerte presión de calor que recorre mi cuerpo, mis músculos tiemblan, mi cuerpo simplemente está esperando actuar de manera sobre natural.

No hay tiempo de sentirse mal ni deprimido… ¡QUITATE A LA MIERDA!.


 

¡AAAHHHHHH!