lunes, 31 de agosto de 2009

En mi cuarto.

Es una tarde obscura y lluviosa, pareciera que fuera noche. El centro de la ciudad esta congestionado, la lluvia imparable, los asaltos y accidentes ocurren a cada momento.

El cielo entristecido con sus nubes obscuras lagrimeando gotas de cansancio, de tristeza, de redención y simplemente los mortales no le toman importancia.

Cada vez más la obscuridad predomina y mi pequeño cuarto de color blanco es poco a poco consumido por la tempestad que está cubriendo alrededor. Estoy en una de las esquinas de mi habitación observando como la obscuridad va predominando lentamente en habitación, es justo en ese momento cuando la espeluznante sombra me cubre a mí puedo escuchar gritos de desesperación, máquinas de combustión trabajando, el pulso agitado de personas que están en momento frenético… esto es una pesadilla.

Acabo de levantarme aún con los bizarros sonidos en mi cabeza, di unos cuantos pasos hasta llegar a la ventana y ver el caos total, en verdad el cielo estaba triste. A caso sería el único que lo pudo ver de esa manera, seguía cuestionándome hasta que repente empecé a visualizar los sonidos escalofriantes que tenía dentro de mi cabeza. Pude ver como torturaban gente, demonios perversos y morbosos, abrí mis ojos y estaba de nuevo en mi cuarto, los volví a cerrar y regresé a la escena bizarra… tengo miedo.

Empecé a babear y gente entró por la puerta de mi cuarto sin avisar que venían, ni siquiera el sonido estruendoso de la multitud que venía a acecharme escuche. De pronto estaba rodeado de gente sin rostro, facciones censuradas, solamente escuchaba "bla, ble, bla, ble" en repetición y en coro, después de que deje de babear y logré concentrarme me di cuenta de que eran muchos yo. Cerré los ojos para desaparecer los cuerpos, los abrí esperando que ya no estuvieras y aún seguían ahí repitiendo ese estúpido sonido. Repentinamente los cuerpos se fueron y me quede anonadado frente a la ventana esperando una respuesta o algo por venir pero nada llegaba, me di la vuelta y seguí observando como el cielo atacaba con furia a la tierra y los mundanos no se daban cuenta de que era tiempo de redimir sus errores.

De pronto empecé a gritar tan fuerte como nunca lo había hecho, sentía como si me estuvieran jalando de los pies y los brazos, mi cuerpo empezaba a desprenderse y una cara monstruosa y pequeñas caras empezaban a salir de las paredes de mi cuarto, en ese momento yo ya no podía gritar; mi abdomen estaba a punto de desprenderse el dolor era insoportable y las ganas de gritar se cortaron al sentir el gran sufrimiento que estaba sintiendo además con las feas caras que me rodeaban. Poco a poco se me fueron acercando cuando…

Desperté a las 6 a.m., sano y salvo, listo para empezar mi día con todo.

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