sábado, 2 de mayo de 2009

Un barandal oxidado.

Esta tarde he tomado la decisión de sentirme bien y disfrutar el momento que estoy viviendo conmigo mismo y con la naturaleza. Estoy recargado sobre un barandal bebiendo cerveza, me llama la atención ver como el metal de la barandilla esta oxidado por la brisa marina. Esto no impide que deje de ver la belleza descomunal del océano pacífico, siempre tan vivo, hostil y vigoroso en su máxima expresión. Me encuentro sin camisa en plena intemperie recibiendo el viento azotador y los rayos solares llenos de energía, invitándome a seguir tomando cerveza bien helada.


 

Cabe mencionar que en ese lugar y en ese preciso instante tuve que tomar una fotografía para poder compartir mi momento de quietud. Mientras capturó la imagen sigo bebiendo cerveza (quizás el décimo bote de la tarde) no puedo dejar de pensar en que lugares tan bellos tenemos, tan llenos de energía pura y vitalidad. Me sentí distante por un momento, ya que estoy un poco retirado del grupo de amigos que danza y canta al ritmo musical de la banda americana The Killers, pero no me importa ellos pueden esperar, esto no.


 

Estoy complacido por tener la oportunidad de estar aquí recargado en este barandal oxidado, sin camisa bebiendo cerveza bien helada y observar el fastuoso océano ser pintado lentamente por un color carmesí.



 

El sol se esconde poco a poco tras aquellas montañas lejanas en el horizonte, donde aún la carretera sigue libre en su camino. Las nubes se han marchado dejando el cielo despejado intencionalmente para poder contemplar la caída del sol, de fondo el color carmesí empieza a predominar coloreando las aguas. Las olas cada vez son más bestiales, crecen a lo alto y al descender se escucha un potente marro rompiendo paredes de concreto. Alcanzó a recibir pequeñas partículas de agua creadas por la oleada tremenda que hay en el mar. La marea empieza a subir minuto tras minuto y yo no dejo de beber cerveza (para esto ya había abierto otra), los rayos del sol han desaparecido por completo, ahora solo siento frío y necesidad de cubrirme mi ancha espalda.


 

Al fin prendo un cigarrillo. Mientras fumó se me vienen a la mente muchos momentos épicos de mi vida. Me los imaginé, reí y suspire diciendo - ¡Ah, como pasa el tiempo!.


 

Sí, en efecto, como pasa el tiempo y uno joven vigoroso no hace nada por aprovecharlo, en vez de empezar a forjar nuestro futuro o ser mejores hijos (que se yo), nos deprimimos dejando que todo nos afecté. Por eso diré - hemos de seguir hacia adelante, dejándonos llevar por las tremendas corrientes marítimas severas, acérrimas y vehementes. Somos capaces de ser cautelosos y a la vez atentos en decisiones de nuestras vidas. Somos indomables. Somos invencibles. Somos lo mejor de lo mejor.


 


 

Antes de que se apague mi cigarrillo debo dar el último jalón de humo para poder retirarme en paz de esta odisea fastuosa que observé sigilosamente toda la tarde y así regresar al grupo alocado de amigos que aún siguen bebiendo cerveza, cantando y bailando ahora reggaeton.


 

Seguiré disfrutando de cada momento excepcional que la vida me brinde y siempre le reiré.

Exhalé el humo del cigarro que aún contenía y me retiré del barandal oxidado silenciosamente.


 


 


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