Hace mucho que no veía caer el enorme sol desde la silla vieja en donde estoy sentado escribiendo desde mi computador. Veo las grises nubes cubrir el atardecer, poco a poco la luz va decallendo. Mi cuarto es cada vez más obscuro por la caida del sol de este viernes frío, invitándome a ser optimista y dejar que el fin de semana fluya libre y ligero como un río. Dejo el computador un momento para ir abrir la ventana para sentir el fresco viento en mi cuerpo desnudo. Quiero sentir el viento en mi cuerpo joven, ancho y lleno de vida al igual que la palmera que está siento azotada por la corriente de aire en la casa de al lado.
El sol ha sido tapado en su totalidad por las grisáceas nubes que cubren este atardecer. A mí alrededor todo es gris, la obscuridad esta empezando a caer poco a poco. Bajo mi cabeza, y veo mis dedos atacar frenéticamente las teclas de mi computador olvidando el frío estremecedor que está empezando a hacer.
Mis dedos de los pies están empezando a sentir con fusticia el fresco clima. Estoy contento, el clima está en perfectas condiciones y no puedo dejar de sonreir. Pongo en "repeat" Peeping Tom de Placebo en la lista del iTunes. Estoy lleno de alegría. El cuarto ha sido envuelto en una obscuridad completa y un frío que no cesa, al contrario aumenta la frescura y yo sigo aún desnudo sentado en mi silla estropeada por el paso de los años recibiendo todo ese poder que me hace sonreir. En verdad estoy sonriendo.
Hoy no habrá imágenes, ni viajes inventados sólo quedará el recuerdo de ver una tarde fenecer desde mi silla arcaíca mientras estoy en cueros mirandoel cielo totalmente envuelto por un color gris, un gris que refleja tristeza pero hoy yo no ando triste, ando contento. Hoy es día de cambiar y dejar de ser el muchacho cotidiana, que no vive la vida. Hoy es día de estar escribiendo una escrito más estable y concreto, más real. Mi espalda empieza a sentir el rigor de la corriente de aire, ya más fría que fresca pero no pienso ceder e ir a cerrarla. Porque estoy contento y lo puedo todo.
Han pasado más de la mitad de una hora desde que deje la silla de mi bisabuela por ir al patio y recargme sobre la pared que da vista a la palma de mi vecina. Aún sigo desnudo. He regresado por mi computador para seguir escribiendo recargado en esa pared aún tibia y cálida por la exposición a los rayos dadivosos de los últimos rayos de sol. Es aquí donde dejaré de escribir para pasar a la mejor parte de la noche. Pensar. Pensar en lo que viene para seguir adelante con mis objetivos sin detenerme.
Mi cuerpo está descontrolado, temblando por el frío inmenso que hace. He de cerrar el computador y regresar a la silla arcaica que peternecío a mi bisabuela Juana. He de dejar esta pared que ya no está tibia consecuencia por la que mi espalda absorvio los últimos rayos solares. He de partir a seguir mi día.
- ¡No tengo miedo! ¡AH! hace mucho que no expresaba el no tener miedo.
- ¡AH! - suspiré, contuve mi aliento pensando unos segundos para así terminar de escribir y cerrar mi computador...
viernes, 24 de abril de 2009
La Silla de las Ideas.
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