jueves, 21 de junio de 2012

Erosión.

El incandescente y a la vez ensordecedor sonido de la luz enfurece al monstruoso mar. Las risas de los niños vienen y van en el movimiento ondulante de las olas grises coloreadas por el pardo atardecer que presenciamos. Ellos juegan entre cada sección del oleaje y la espuma que salsea su caminar es el desplazamiento de su felicidad. 

La suave brisa esta suspendida detrás del paso de las olas hacía la costa, es la dicha de toda esa infancia, inocencia y a la vez liberación mental ¿quién no imagino cosas inverosímiles en la niñez? ¿quién no quiso estar en el fondo del mar y sentir que ese era otro planeta? ¿o que podíamos hablar debajo del agua? 

Hoy mientras veo jubilosamente esta hermosa danza, abriré mi espíritu a esos momentos que uno cegado deja de ver con el tiempo. Es en este momento donde me desnudaré a nuevos tiempos y cada instante se tatuará en mi piel, la dualidad se encargará de acomodar dichos actos que presencie y, así a través de mi podrán ver que aún hay esperanza en este gris atardecer.

Mi alma le canta al fastuoso mar:

¡Oh hermoso, mar! La fluidez de tus olas, la corriente, el olor, la firmeza, el sonido, el ambiente, las personas y los seres que te habitan forman parte de ti. Todo esto algún día será reflejado, amado Santuario, algún día las personas te verán y escucharan tal como lo hago.yo.


¡Oh hermoso mar que entre tus danzas hipnotizas mi espíritu y lo elevas hacía el infinito!
¡Oh hermoso mar permite que hoy more en ti para que el día de mañana pueda llevarme tu fuerza hacía los demás y mostrarles que aún hay luz!