El sonido distante de la ametralladora se escucha cada vez más cerca. Los distantes pasos del asesino empiezan a retumbar en el gran salón silencioso.
La sangre se me ha helado, la respiración paralizado y mis manos se han encogido del temor. Deseo poder despertar de esta estúpida pesadilla que a veces me visitan pero al parecer no es una pesadilla, esto, esto es real. Mi asesino viene silbando sonidos que yo conozco, todo esta obscuro a pesar de la hermosura brillantes de la luna lo único que se puede ver es su silueta deambulando entre las mesas de la enorme habitación.
Mientras tanto yo estoy escondido detrás de la barra de cocteles, de rodillas mirando sigilosamente aquella sombra que lo único que se ve es brillar del cigarrillo que trae en la boca. Cada vez que inhala puedo observar su rostro, mirada seca, fría, directa y una pequeña cicatriz en la mejilla izquierda. Tengo miedo. Trato de hacer el ruido menos posible pero cada vez que volteo a verlo esta más cerca… ¡viene por mí!. Los pasos sonaban ahora mucho más fuerte acompañado de un peculiar sonido a metal… estaba alistando su arma para utilizarla, la iba a hacer estallar en furia y desahogar todas esas cargas que tuvo en el pasado. Ha llegado mi fin…
- Cobarde – me dijo - ha llegado el momento, dejaras de sufrir.
Estupefacto me quede al escuchar esa voz de demonio infernal hablarme de esa manera, no me atreví a responderle.
- ¡No seas cobarde, da la cara! – Exclamó – tienes que ver el principio de un nuevo comienzo, una nueva forma…
A lo que conteste estúpidamente - ¡No!, no lo haré, tengo miedo y yo no…
- ¡Pedazo de porquería! Entonces te haré salir a la fuerza – río siniestramente mientras empuñaba su arma y se dirigía la barra.
Junté mis piernas con el pecho y cerro los ojos, no me importó que estuvieran brotando lagrimas de mis ojos… estaba realmente asustado. Respiré y traté de recordar aquellos buenos momentos de alegría pero, justo cuando venían las imágenes sentí el frío acero de la ametralladora en mi frente, pase saliva amarga y áspera, solamente desee que jalará el gatillo para poder descansar.
- Abre los malditos ojos y ve quién soy. – me lo dijo con una voz dadivosa que me sentí seguro de acceder a abrir los ojos.
Estaban totalmente abiertos, vi lentamente el rostro del asesino. Por el miedo producido batalle en hallarle forma.
- Obsérvame bien, estúpido. Pronto dejarás de sufrir. – volvió a reír.
De pronto la sonrisa, la cicatriz en la mejilla izquierda, los ojos… todo tenía relación… era… era yo. Ciertamente en otra modalidad, otra cabeza, otra… otra manera de ser.
- Adiós – me dijo "yo" a mí mismo.
Jaló del gatillo, escuché el mecanismo completo hasta el estallido de la pólvora y al final… la luz tranquilizante me invadió. Caí en un largo laberinto de llantos, recuerdos, emociones, sentimientos hasta que logre caer en el fondo… de pronto cerré los ojos y descanse finalmente.
- Al fin, podré radicar bajo mi propia voluntad. – mire aquel cuerpo tendido en el suelo que, anteriormente fue mío y ahora solo es un triste recuerdo.